Rainer María Rilke Elegías de Duino Primera Elegía ¿Quién me escucharía entre las cohortes de ángeles, si grito? Y aún cuando en su propio corazón, de súbito, me tomara alguno, me aniquilaría su ser más pujante. Pues, de lo terrible lo bello no es más que...
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Rainer María Rilke Elegías de Duino Primera Elegía ¿Quién me escucharía entre las cohortes de ángeles, si grito? Y aún cuando en su propio corazón, de súbito, me tomara alguno, me aniquilaría su ser más pujante. Pues, de lo terrible lo bello no es más que ese grado que aún soportamos. Y si lo admiramos es porque en su calma desdeña destruirnos. Terrible es todo ángel. Por eso me callo y de mis oscuros sollozos el clamos ahogo. ¡Ay! ¿De quién podemos valernos? No de ángeles ni de hombres. Ya los animales, sagaces, advierten que en el mundo dado no estamos tan cómodos como en nuestra casa. Nos queda quizá un árbol en una ladera; nos queda el camino de ayer y también el apego de un hábito al que le agradaba nuestra compañía; se quedó y está. ¡La noche! ¡Oh, la noche, cuando el viento henchido del espacio cósmico nos consume el rostro!... ¡Con quién la anhelada no se quedaría, ella que tan suave, que tan dulcemente nos desilusiona! Para el alma a solas una nueva prueba... ¿Es quizás más le
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