El Coronel Chabert Honorato de Balzac Á la señora doña Ida del Chatelar, condesa de Bocarmé. —Vaya, ya tenemos aquí á ese viejo moscardón del carrique. Esta exclamación la lanzaba un pasante que pertenecía al género de los que se llaman en los estudios...
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El Coronel Chabert Honorato de Balzac Á la señora doña Ida del Chatelar, condesa de Bocarmé. —Vaya, ya tenemos aquí á ese viejo moscardón del carrique. Esta exclamación la lanzaba un pasante que pertenecía al género de los que se llaman en los estudios saltacharcos, el cual mordía en este momento con apetito voraz un pedazo de pan. El tal pasante tomó un poco de miga para hacer una bolita, la cual, bien dirigida y lanzada por el postigo de la ventana en que se apoyaba, rebotó hasta la altura de dicha ventana, después de haber dado en el sombrero de un desconocido que atravesaba el patio de una casa situada en la calle Vivienne, donde vivía el señor Derville, procurador. —Vamos, Simonín, no haga usted tonterías á las gentes, ó le pondré de patitas en la calle. Por pobre que sea un cliente, siempre es hombre, ¡qué diablo! dijo el primer pasante interrumpiendo la adición de una memoria de costas. El saltacharcos es, generalmente, como era Simonín, un muchacho de trece á catorce años, que
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