El lenguaje cotidiano refleja, como la vida misma, los valores culturales y
morales de nuestra sociedad.
Pero también los transmite y refuerza, de ahí el
enorme poder de la palabra.
Los prejuicios contra cualquier minoría o grupo social
que se siente...
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El lenguaje cotidiano refleja, como la vida misma, los valores culturales y
morales de nuestra sociedad.
Pero también los transmite y refuerza, de ahí el
enorme poder de la palabra.
Los prejuicios contra cualquier minoría o grupo social
que se siente desfavorecido, perseguido o proscrito en algún momento de la
historia, por razón de su sexo, etnia, o cualquier otro factor, enseguida afloran en
el lenguaje cargando de connotaciones negativas los términos empleados para
designarlos.
Y como reacción, para contrarrestar o mitigar sus efectos y ocultar
una realidad que se percibe como ingrata e indeseable, los hablantes a veces
rehúyen o edulcoran la expresión por medio de eufemismos o bellas palabras.
El ejemplo es bien ilustrativo y puede ayudar a comprender el sentido de las
connotaciones y los vaivenes a que se han visto sometidas las designaciones
referentes a los negros, otro de los grupos que injustamente llevan la impronta del
estigma social.
Y esto se hace patente sobre todo e
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