Érase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores más
hermosas de cada estación del año.
Ella prefería las rosas por encima de
todas; por eso las tenía de todas las variedades, desde el escaramujo de
hojas verdes y olor de manzana hasta la más...
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Érase una reina muy poderosa, en cuyo jardín lucían las flores más
hermosas de cada estación del año.
Ella prefería las rosas por encima de
todas; por eso las tenía de todas las variedades, desde el escaramujo de
hojas verdes y olor de manzana hasta la más magnífica rosa de
Provenza.
Crecían pegadas al muro del palacio, se enroscaban en las
columnas y los marcos de las ventanas y, penetrando en las galerías, se
extendían por los techos de los salones, con gran variedad de colores,
formas y perfumes.
Pero en el palacio moraban la tristeza y la aflicción.
La Reina yacía
enferma en su lecho, y los médicos decían que iba a morir.
-Hay un medio de salvarla, sin embargo -afirmó el más sabio de ellos-.
Tráiganle la rosa más espléndida del mundo, la que sea expresión del
amor puro y más sublime.
Si puede verla antes de que sus ojos se
cierren, no morirá.
Y ya tienen a viejos y jóvenes acudiendo, de cerca y de lejos, con
rosas, las más bellas que crecían en todos los jardines; pero ning
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