El narrador plantea un juego de cajas chinas: manuscrito prohibido, censura, hoguera y rescate fortuito. La estrategia literaria no radica en los crímenes, sino en el contagio de su lectura. El verdadero infame no es el asesino, sino el falso confesor, el...
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El narrador plantea un juego de cajas chinas: manuscrito prohibido, censura, hoguera y rescate fortuito. La estrategia literaria no radica en los crímenes, sino en el contagio de su lectura. El verdadero infame no es el asesino, sino el falso confesor, el editor que mutiló... El autor convierte al lector en cómplice activo. No relata atrocidades; diseña una trampa donde el verbo corrompe. La infamia habita en la palabra, no en el hecho final. Lo pregunta central es: ¿Quién es el infame aquí?
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