La recuperación de la Memoria Histórica debiera ser, además, un acto de
conciliación; y no significa desenterrar los muertos de unos u otros ni echarnos en cara cual de los dos bandos cometió más tropelías en el horror desmedido de la guerra civil –el...
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La recuperación de la Memoria Histórica debiera ser, además, un acto de
conciliación; y no significa desenterrar los muertos de unos u otros ni echarnos en cara cual de los dos bandos cometió más tropelías en el horror desmedido de la guerra civil –el fragor de una guerra no es propicio para el juicio ecuánime–, como desde algunos centros mediáticos se nos quiere hacer
ver.
No, no es esto, significa mucho más.
Significa, desde la perspectiva que
nos proporciona los 75 años transcurridos, analizar y dilucidar desde la máxima imparcialidad, por qué ocurrieron
ciertos hechos; es la única forma de no
volver a repetirlos.
Sabemos de su dificultad, pero una sociedad libre y madura tiene el deber de procurar y favorecer
los medios necesarios para que la verdad y el rigor histórico prevalezcan sobre la arbitrariedad autárquica que, durante más de cuarenta años de nuestro
reciente pasado, impuso su “verdad”
(la verdad de los vencedores) y sus pretendidos valores.
Ya es hora de que los prota
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