La corrupción es el problema. O eso dicen los medios de información. Porque a la ciudadanía el asunto no la trasnocha. Ni a las contralorías, sean la general o las territoriales; ni a las personerías municipales, ni a la Procuraduría, y mucho menos a la...
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La corrupción es el problema. O eso dicen los medios de información. Porque a la ciudadanía el asunto no la trasnocha. Ni a las contralorías, sean la general o las territoriales; ni a las personerías municipales, ni a la Procuraduría, y mucho menos a la Fiscalía General.
Dos hechos así lo indican: el primero, el fracaso de la Consulta anticorrupción del 26 de agosto de 2018, en la que por falta de respaldo ciudadano naufragó la implementación de medidas tales como cárcel a los corruptos, límite en el número de los periodos de los congresistas o una contratación pública transparente.
El segundo, el bajo rating que registra el tema de la corrupción en las encuestas sobre candidaturas a las alcaldías de las principales ciudades del país.
A la pregunta de cuál es el principal problema de su ciudad, los encuestados colocaron por delante de la corrupción temas tales como la inseguridad, la violencia, el transporte público, la movilidad, los servicios públicos y hasta la llegada de migra
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