LA CEBRITA SALTARINA
Había una vez en el país de las cebras… una manada en que las cebras
hembras eran suaves como el terciopelo, tenían los ojos grandes y
brillantes, y la piel de color amarillo dorado como el sol.
Todo esto se debía a que, desde el mismo...
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LA CEBRITA SALTARINA
Había una vez en el país de las cebras… una manada en que las cebras
hembras eran suaves como el terciopelo, tenían los ojos grandes y
brillantes, y la piel de color amarillo dorado como el sol.
Todo esto se debía a que, desde el mismo día de su nacimiento, las
cebras sólo comían anémonas y otras muchas flores muy olorosas y
delicadas.
Esto no era porque les gustasen estas flores ya que tenían un
sabor muy amargo.
Pero eso sí, daban una piel muy suave y anaranjada y unos
ojos grandes y brillantes.
(Padres)- Pequeñas, tenéis que comeros todas las anémonas y todas
las flores delicadas y olorosas, o de lo contrario no os haréis tan suaves y
tan doradas como vuestras madres.
Además cuando seáis mayores, ningún
guapo macho cebra querrá casarse con vosotras.
(Pequeñas Cebras)- Si, comeremos muchas anémonas y flores para ser
tan suaves y tan doradas como las madres.
Para ser más doradas aún no sólo se conformaban con comer esas
flores tan olorosas y amargas sino qu
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