MACARIO
Macario era leñador en aquel pueblecito.
Padre de once hijos andrajosos y
hambrientos, no deseaba riquezas, ni cambiar por una casa bien construida el
jacal que habitaba con su familia.
Tenía, eso sí, desde hacía veinte años, una
sola ilusión.
Y...
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MACARIO
Macario era leñador en aquel pueblecito.
Padre de once hijos andrajosos y
hambrientos, no deseaba riquezas, ni cambiar por una casa bien construida el
jacal que habitaba con su familia.
Tenía, eso sí, desde hacía veinte años, una
sola ilusión.
Y esta gran ilusión era la de poderse comer a solas, gozando de la
paz en las profundidades del bosque y sin ser visto por sus hambrientos hijos,
un pavo asado entero.
Nunca logró llenar su estómago hasta satisfacerse.
Por el contrario, siempre
se sentía próximo a morir de hambre.
Pese a lo cual, todos los días del año,
sin descontar los domingos y días festivos, tenía que dejar su hogar antes de que
amaneciera para ir al bosque, del que regresaba al anochecer con una carga de
leña a la espalda.
Aquella carga, que representaba todo un día de trabajo, la vendía
por dos reales.
.
.
y a veces por menos.
Sólo durante el tiempo de aguas, cuando prácticamente no tenía competencia, y
mejor aún en los días señalados, como por ejemplo el
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