Cuento
De todos los guerreros al
servicio del malvado Morlán,
Jero era el más fiero, y el más cruel.
Sus ojos
descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco
y sus flechas se encargaban de ejecutarlos.
Cierto día, saqueando un gran palacio, el...
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Cuento
De todos los guerreros al
servicio del malvado Morlán,
Jero era el más fiero, y el más cruel.
Sus ojos
descubrían hasta los enemigos más cautos, y su arco
y sus flechas se encargaban de ejecutarlos.
Cierto día, saqueando un gran palacio, el guerrero
encontró unas flechas rápidas y brillantes que habían
pertenecido a la princesa del lugar, y no dudó en
guardarlas para alguna ocasión especial.
En cuanto aquellas flechas se unieron al resto de armas de Jero, y conocieron su terrible crueldad,
protestaron y se lamentaron amargamente.
Ellas, acostumbradas a los juegos de la princesa, no
estaban dispuestas a matar a nadie.
¡No hay nada que hacer! - dijeron las demás flechas -.
Os tocará asesinar a algún pobre viajero,
herir de muerte a un caballo o cualquier otra cosa, pero ni soñéis con volver a vuestra antigua vida.
.
.
Algo se nos ocurrirá- respondieron las recién llegadas.
Pero el arquero jamás se separaba de su arco y sus flechas, y éstas pudiero
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