La prodigiosa tarde de Baltazar Pagina 1 de 7
Gabriel García Márquez:
LA PRODIGIOSA TARDE DE BALTAZAR
LA JAULA ESTABA terminada.
Baltazar la colgó en el alero, por la fuerza de la
costumbre, y cuando acabó de almorzar ya se decía por todos lados que...
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La prodigiosa tarde de Baltazar Pagina 1 de 7
Gabriel García Márquez:
LA PRODIGIOSA TARDE DE BALTAZAR
LA JAULA ESTABA terminada.
Baltazar la colgó en el alero, por la fuerza de la
costumbre, y cuando acabó de almorzar ya se decía por todos lados que era la jaula
más bella del mundo.
Tanta gente vino a verla, que se formó un tumulto frente a la
casa, y Baltazar tuvo que descolgarla y cerrar la carpintería.
—Tienes que afeitarte —le dijo Úrsula, su mujer—.
Pareces un capuchino.
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—Es malo afeitarse después del almuerzo —dijo Baltazar.
Tenía una barba de dos semanas, un cabello corto, duro y parado como las
crines de un mulo, y una expresión general de muchacho Pero era una expresión
falsa.
En febrero había cumplido 30 años, vivía con Úrsula desde hacía cuatro, sin
casarse y sin tener hijos, y la vida le había dado muchos motivos para estar alerta,10
pero ninguno para estar asustado.
Ni siquiera sabía que para algunas personas, la
jaula que acababa de hacer
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