Historia de Arroz con Habichuelas
Arroz era un blanquito finudo y empolvado.
Habichuelas: un mulato
avispao y sabrosón.
Arroz señoriteaba solo, en eterno pritibodi, por
los calderos de la Fonda Feliz, echándoselas de su perfil gallego y su
jinchura...
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Historia de Arroz con Habichuelas
Arroz era un blanquito finudo y empolvado.
Habichuelas: un mulato
avispao y sabrosón.
Arroz señoriteaba solo, en eterno pritibodi, por
los calderos de la Fonda Feliz, echándoselas de su perfil gallego y su
jinchura de Ateneo.
Habichuelas soneaba alegremente en su salsa
con Jamón y Tocino, Ajo y Cebolla, Pimiento y Calabaza, los seis
panitas fuertes de gufeo y bembé.
Tan distintos eran Arroz y Habichuelas que, a pesar de todos los
esfuerzos de la cocinera Ña Jesusa, no se podían ver ni en pintura.
Arroz temblaba de asco pensando en que una sola gota colorada
de la salsa de Habichuelas manchara la castiza blancura de sus
granos.
Habichuelas temblaba de furia pensando en que el presentao
de Arroz fuera a pisarle la suculenta salsa de su combo guasón.
La enemistad de Arroz y Habichuelas era tan grande y tan
gorda que se la pasaban espiándose, criticándose entre sí, mofándose
y gozando de lo lindo cuando la mala suerte se le ven
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