El hombre en la calle
Georges Simenon
Los cuatro hombres iban apretujados dentro del taxi.
En París helaba.
A las siete y media
de la mañana la ciudad estaba lívida, el viento hacía correr a ras de suelo un polvillo de
hielo.
El más delgado de los...
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El hombre en la calle
Georges Simenon
Los cuatro hombres iban apretujados dentro del taxi.
En París helaba.
A las siete y media
de la mañana la ciudad estaba lívida, el viento hacía correr a ras de suelo un polvillo de
hielo.
El más delgado de los cuatro, en un asiento abatible, tenía un cigarrillo pegado al labio
inferior e iba esposado.
El más importante, de mandíbula fuerte, envuelto en un recio
abrigo y con un sombrero hongo en la cabeza, fumaba en pipa viendo desfilar ante sus
ojos la verja del Bois de Boulogne.
-¿Le hago el número de la pataleta? -propuso amablemente P’tit Louis, el hombre de las
esposas-.
¿Con contorsiones, espumarajos, insultos y todo eso?
Maigret gruñó, quitándole el cigarrillo de los labios y abriendo la portezuela, porque ya
habían llegado a la Porte de Bagatelle:
-No quieras pasarte de listo.
Los caminos del Bois estaban desiertos, blancos y duros como el mármol.
Unas diez
personas pateaban la nieve para combatir el frío al lado de un sendero para j
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