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de piyama silbaba prolongadamente La
gayola y después proclamaba a gritos:
«¡Musita, melancólico alimento para
los que vivimos de amor!», y dándose
vuelta miraba agresivo a Talita que ese
día
desplumaba el pato y...
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RnerTravelerencamisetaypantalón
de piyama silbaba prolongadamente La
gayola y después proclamaba a gritos:
«¡Musita, melancólico alimento para
los que vivimos de amor!», y dándose
vuelta miraba agresivo a Talita que ese
día
desplumaba el pato y era muy feliz
porque los canutos salían que era un
encanto y el pato tenía un aire benigno
poco frecuente en esos cadáveres
rencorosos, con los ojitos entreabiertos
y una raja imperceptible como de
luz entre los párpados, animales
desdichados.
—¿Por qué dormís tan mal, Manú?
—¡Música, me .
.
.
! ¿Yo, mal? Directamente no duermo, amor mío, me paso la
noche meditanto el Liber penitentialis, edición Macrovius Basca, que le saqué el otro día al
doctor Feta aprovechando un descuido de su hermana.
Por cierto que se lo voy a devolver,
debe costar miles de mangos.
Un Liber penitentialis, date cuenta.
—¿Y qué es eso? —dijo Talita que ahora comprendía ciertos escamoteos y un cajón con
doble llave—.
Vos me escondés tu
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