[Cuaderno azul]
UN CUENTO DE HADAS
Vladimir Nabokov
1
¡La fantasía, el vuelo, los arrebatos de la fantasía! Erwin los conocía muy bien.
Al tomar el
tranvía, procuraba sentarse sobre la mano derecha, para estar tan cerca de la acera como fuera
posible....
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[Cuaderno azul]
UN CUENTO DE HADAS
Vladimir Nabokov
1
¡La fantasía, el vuelo, los arrebatos de la fantasía! Erwin los conocía muy bien.
Al tomar el
tranvía, procuraba sentarse sobre la mano derecha, para estar tan cerca de la acera como fuera
posible.
Así, dos veces al día, en su viaje de ida y en su viaje de vuelta de la oficina, Erwin
observaba por la ventanilla y seleccionaba su harén.
¡Dichoso Erwin, dichoso por vivir en una
ciudad alemana tan conveniente, tan propia de un cuento de hadas!
Durante la mañana, en su viaje de ida, registraba una acera; al atardecer, en su viaje de vuelta,
la otra.
A una a la ida, a la otra a la vuelta, bañábalas el sol con una luz voluptuosa, ya que
también el sol iba y volvía.
No olvidemos que Erwin padecía de una timidez tan mórbida que
sólo una vez en su vida, incitado por descarados amigotes, había abordado a una mujer, y ella le
había respondido, con toda serenidad: “Deberías avergonzarte.
Déjame en paz".
A partir de tal
episodio, había el
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