Las manzanas de oro.
Había una vez una madrastra que se había casado con el padre de una niña llamada
Ana.
La madrastra tenía dos niñas, Casimira y Grisela.
Una tenía cuatro ojos y la otra
uno.
Casimira era una niña muy celosa y Grisela también, y ambas...
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Las manzanas de oro.
Había una vez una madrastra que se había casado con el padre de una niña llamada
Ana.
La madrastra tenía dos niñas, Casimira y Grisela.
Una tenía cuatro ojos y la otra
uno.
Casimira era una niña muy celosa y Grisela también, y ambas eran muy feas.
Ana era una niña de ojos verdes, con el pelo oscuro, simpática y guapa, y por eso las
dos hermanas tenían celos de ella y deseaban hacerle sufrir más.
Su padre estaba
enfermo y no se daba cuenta de lo que hacían su mujer y las hijas de ésta, pero Ana se
sentía muy triste por su estado y por lo que le hacían a ella, ya que la utilizaban como
criada y como sirvienta.
Un día, la madrastra se hartó, porque Ana nunca se sentía afectada por todas las
maldades que le provocaban, y decidieron que marchara todos los días con su rebaño
de ovejas sin comida ni nada.
Entonces, marchó con su rebaño de ovejas al monte y se sentó bajo un árbol, llena de
tristeza porque tenía mucha hambre y sed.
En ese momento se le apareció una
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