CAPITULO I
Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas.
Encima de la entrada principal las
palabras: Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, y, en un escudo, la
divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad,...
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CAPITULO I
Un edificio gris, achaparrado, de sólo treinta y cuatro plantas.
Encima de la entrada principal las
palabras: Centro de Incubación y Condicionamiento de la Central de Londres, y, en un escudo, la
divisa del Estado Mundial: Comunidad, Identidad, Estabilidad.
La enorme sala de la planta baja se hallaba orientada hacia el Norte.
Fría a pesar del verano que
reinaba en el exterior y del calor tropical de la sala, una luz cruda y pálida brillaba a través de las
ventanas buscando ávidamente alguna figura yaciente amortajada, alguna pálida forma de académica
carne de gallina, sin encontrar más que el cristal, el níquel y la brillante porcelana de un laboratorio.
La invernada respondía a la invernada.
Las batas de los trabajadores eran blancas, y éstos llevaban las manos embutidas en guantes de goma
de un color pálido, como de cadáver.
La luz era helada, muerta, fantasmal.
Sólo de los amarillos
tambores de los microscopios lograba arrancar cierta calidad de vida, deslizándose
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