III
Jugaba solo a un partido de fútbol imaginario en una explanada situada cerca
de su casa.
Hacía poco que su familia se había mudado y jugar a la pelota en
la calle fue uno de los privilegios conquistados a la corta edad de 7 años.
Absorto totalmente...
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III
Jugaba solo a un partido de fútbol imaginario en una explanada situada cerca
de su casa.
Hacía poco que su familia se había mudado y jugar a la pelota en
la calle fue uno de los privilegios conquistados a la corta edad de 7 años.
Absorto totalmente del afuera, ensayaba una y otra vez pases hacia delante.
Caminaba con el balón entre sus piernas hacia una dirección y hacia su
contraria, de manera reiterada y constante.
Nada ni nadie lo podía interrumpir,
sobre todo porque él no veía nada ni a nadie.
Una patada demasiado fuerte
hizo que el balón se alejara de lo que hasta ese momento estaba siendo el
acotado campo de juego, y fue justo entonces cuando los vio.
Eran dos niños
que parecían tener su misma edad.
Se habían situado a uno de los márgenes
de la explanada y lo miraban con el descaro propio de la infancia, que más que
descaro era interés.
Uno de ellos, el más alto, era obeso, con el brazo derecho
casi inmóvil y situado cerca de su cuerpo, como si llevase un yeso invisib
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