Nosotros, a finales de los años sesenta, éramos la generación que despierta no de
cualquier sueño, sino de la más brutal de las pesadillas, que directa o indirectamente
habíamos vivido y ahora se convertía en un tabú impregnado por un miedo patológico....
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Nosotros, a finales de los años sesenta, éramos la generación que despierta no de
cualquier sueño, sino de la más brutal de las pesadillas, que directa o indirectamente
habíamos vivido y ahora se convertía en un tabú impregnado por un miedo patológico.
Queríamos con esa visita, desmontar la intensidad de esa realidad, beber en sus fuentes,
ver el otro rostro descrito en otras palabras para nosotros las verdaderas y por ello, la
buscábamos en la sabiduría sembrada en la tierra. La idea colmaba los límites de la
ambición en esos años juveniles. Omar Bernal como estudiante de derecho en la Libre, en
Bogotá; yo simplemente debatiéndome entre la agitación política y la más amplia gama de
amarillos girasoles, sombra vangoghniana, los dos balbuceábamos la nueva pasión.
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