La burguesía, en su lucha contra la nobleza sostenida por el clero, enarboló la bandera
del libre examen y del ateísmo; pero, una vez triunfante, cambió de tono y de
apariencia; y hoy la vemos haciendo todo lo posible por apoyar en la religión su
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La burguesía, en su lucha contra la nobleza sostenida por el clero, enarboló la bandera
del libre examen y del ateísmo; pero, una vez triunfante, cambió de tono y de
apariencia; y hoy la vemos haciendo todo lo posible por apoyar en la religión su
supremacía económica y política. En los siglos XV y XVI, la burguesía se había
revestido alegremente con las tradiciones del paganismo y glorificaba la carne y sus
pasiones, algo reprobado por la moral cristiana; sin embargo, hoy, que nada entre las
riquezas y los placeres, reniega de las doctrinas de sus pensadores, los Rabelais, los
Diderot, y predica la abstinencia para los asalariados. La moral capitalista, mezquina
parodia de la moral cristiana, castiga con un solemne anatema la carne del trabajador; su
ideal consiste en reducir al mínimo las necesidades del productor, en suprimir sus goces
y sus pasiones, y en condenarle al papel de máquina redentora del trabajo sin tregua ni
misericordia
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