SINTHA —E res valiente… —murmuró Arez con aire divertido. Seguía acariciándome el pelo, lo que me produjo continuas oleadas de placer por todo el cuerpo. A pesar de mi desafío, no daba muestras de tener ninguna prisa. Muy lentamente me acari ció el...
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SINTHA —E res valiente… —murmuró Arez con aire divertido. Seguía acariciándome el pelo, lo que me produjo continuas oleadas de placer por todo el cuerpo. A pesar de mi desafío, no daba muestras de tener ninguna prisa. Muy lentamente me acari ció el contorno de las costillas y fue subiendo hasta deleitarse al comprobar lo bien que encajaba mi pecho en su mano, y mientras su áspero pulgar rozaba mi pezón casi por casualidad, pero una y otra vez, sus ojos dorados se mantenían pendientes de mi reacción. Relucían con fascinación, colmados de la profunda satisfacción que le producía sentirse el dueño de cada uno de mis pequeños espas mos y gemidos. Amo y señor. En ese instante supe que, por el mo mento, no tenía intención de arrastrarme a un nuevo torbellino de pasión desenfrenada. No, Arez quería ser totalmente consciente de cómo me volvía loca y me haría sentir hasta el último momen to de angustioso placer. Cielos, no sabía si sobreviviría a eso; estaba tan exageradamente excitada que
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