Hans Christian Andersen
EL CARACOL Y EL ROSALEL CARACOL Y EL ROSAL
Alrededor del jardín había un seto de avellanos, y al otro lado del seto se
extendían los campos y praderas donde pastaban las ovejas y las vacas.
Pero en el centro del jardín crecía un...
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Hans Christian Andersen
EL CARACOL Y EL ROSALEL CARACOL Y EL ROSAL
Alrededor del jardín había un seto de avellanos, y al otro lado del seto se
extendían los campos y praderas donde pastaban las ovejas y las vacas.
Pero en el centro del jardín crecía un rosal todo lleno de flores, y a su
abrigo vivía un caracol que llevaba todo un mundo dentro de su caparazón,
pues se llevaba a sí mismo.
-¡Paciencia! -decía el caracol-. Ya llegará mi hora. Haré mucho más que
dar rosas o avellanas, muchísimo más que dar leche como las vacas y las
ovejas.
-Esperamos mucho de ti -dijo el rosal-. ¿Podría saberse cuándo me
enseñarás lo que eres capaz de hacer?
-Me tomo mi tiempo -dijo el caracol-; ustedes siempre están de prisa. No,
así no se preparan las sorpresas.
Un año más tarde el caracol se hallaba tomando el sol casi en el mismo
sitio que antes, mientras el rosal se afanaba en echar capullos y mantener la
lozanía de sus rosas, siempre frescas, siempre nuevas. El caracol sacó
medio cuerpo afuera, estir
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