En el fondo del mar había un castillo.
Allí vivía un rey que tenía seis hijas, todas ellas sirenas de gran belleza.
La más
bella de todas era la pequeña; su piel era tan suave y delicada como un pétalo
de rosa, sus ojos eran azules como el mar.
Como...
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En el fondo del mar había un castillo.
Allí vivía un rey que tenía seis hijas, todas ellas sirenas de gran belleza.
La más
bella de todas era la pequeña; su piel era tan suave y delicada como un pétalo
de rosa, sus ojos eran azules como el mar.
Como todas las sirenas, no tenía piernas; su cuerpo acababa en una gran cola
de pez.
Poseía la más bella voz que nunca se había oido.
Todos los días las sirenas jugaban en las grandes habitaciones de palacio.
Cuando las ventanas estaban abiertas, los peces entraban y salían libremente.
Eran tan mansos que nadaban hasta donde estaban ellas, comían de sus
propias manos y se dejaban acariciar y hacer cosquillas.
Nada los gustaba más a las sirenas que escuchar las historias que los explicaba
su abuela sobre el mundo que existía más allá del mar.
Pedían que les hablase
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